Esta es la entrada inaugural de la sección de Skellie. Me costó un poco de trabajo seleccionarla: muchas de sus entradas citan otras anteriores. Así, fui retrocediendo y retrocediendo hacia las primeras. Hasta que encontré esta belleza. No la había leído nunca. Aunque fue publicada originalmente el 29 de agosto de 2007, hace ya casi un año, resultó ser tan nueva para mí como lo es hoy para ti. Y es un estupendo ejemplo de por qué Skellie es Skellie.
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Escribir sucio

Por Skellie

Hay un argumento que dice que, en el ámbito de la palabra impresa, lo escrito no es tan importante como quien lo escribe. Sin embargo, cuando se trata de contenido web, la mayoría de la gente escribe como si tal regla no aplicara; como si la web fuera únicamente una esfera de información, como si a los autores les repugnara la idea de una huella en sus escritos.

Escribir sucio, como yo lo veo, no es lo mismo que hablar sucio. Significa escribir con humanidad. Significa animar a los lectores a desenvolver las palabras hasta llegar a la fuente: el autor, la persona.

Tus lectores no pueden construir una relación con la información. Pueden hacerlo contigo. En esta entrada, quiero hablar de cómo podemos des-esterilizar nuestros escritos en la red y dejar un gran borrón, colorido, humano, en nuestras palabras.

¿Cómo llegamos a estar tan limpios?

No ayuda el hecho de que parte importante del contenido con formato web provenga de procesos automatizados, conectados con líneas de código: los resultados de las búsquedas, los mensajes de error, las interfaces de usuario cada vez más chispeantes. Hay un ser humano (o varios de ellos) detrás de todas estas cosas, sin embargo, se hacen enormes esfuerzos por eliminar todo rastro de ese contacto, como si lo único que hiciera fuera enliarlo todo.

La Wikipedia, por ejemplo, es “una sola tienda para todas tus necesidades” de información, fruto de la ardua labor de miles de autores. Sin embargo, nadie lo diría. Como si reconocer su creación humana pudiera manchar lo valioso de información.

Los espacios de interacción social en Internet, también, alientan al autor a retirarse de lo que crea. Se trata a las hordas de usuarios de Digg, de StumbleUpon y de del.icio.us (quizá merecidamente) como una plaga de langostas: descienden sobre el contenido, se lo tragan por completo, y pasan al siguiente, tan rápido como llegaron.

Pero ¿quién podría culparlos? Un requisito de las llamados “carnadas para Digg” (o lo que te ha hecho creer la gente que escribe sobre el tema) es que hay que concentrar la información. Al parecer, mencionar el autor que está detrás aburrirá a las masas hasta las lágrimas. Parece lógico, después de todo no te conocen, así que ¿por qué debería importarles?

Creo que la verdad reside precisamente en lo opuesto. Creo que esto podría explicar una de las razones por la que a los visitantes de estos medios de interacción social se les considera tan inconstantes. No se vinculan en modo alguno con el contenido, porque no se les da la oportunidad de hacerlo.

La gente no se siente significativamente intrigada ni seducida por una foto divertida, por una entrada compuesta de información en forma de listas, ni por un tutorial seco como un hueso. La gente consume lo que hay de entretenimiento, de utilidad y entonces se va, en busca de otro contenido con las mismas cualidades. Después de todo, se encuentra por todas partes, cuando haces una búsqueda.

Lo sucio es interesante

No obstante, si escribes sucio, si colocas un buen poco de ti en el contenido que creas, vas a intrigar a los lectores, sea que procedan de un capricho de Digg, o que hayan estado visitando tu sitio por años.

Cuando llegas a conocer algo acerca de alguien, eso deja una huella. Si hay resonancia entre tú y tus lectores, ellos querrán saber más sobre ti. Van a ir a tu página ‘Acerca de’ en lugar de navegar a otro sitio, y posiblemente escarben más hondo en él tratando de obtener más información.

El argumento de que las personas que no te conocen no están interesadas en ti es, creo yo, una falsedad. ¿Cómo se llega a conocer a alguien, en primer lugar? Esa persona da algo de sí misma, eso pica tu interés, y entonces decides obtener más información.

Cuando das algo de ti, aunque sea sólo una golosina, dejas una huella única. Probablemente, la información que comunicas se puede encontrar en otros lugares, aunque en diferentes formas. La huella que has dejado (tu sello, si se quiere), no.

Comenzar a hacer un lío

A continuación, algunos hábitos sucios que se pueden desarrollar con el tiempo.

No es sobre ti, es sobre mí. La próxima vez que tu contenido llore por una anécdota, mete la mano en el baúl de los recuerdos de tu propia vida, en vez de subcontratarlos. Con frecuencia, es más fácil ilustrar lo que escribes con la vida de alguien más, pero ten en cuenta el por qué aún se habla de esa anécdota (o de esa persona): ella dio algo de sí misma —o tal vez los periodistas lo hicieron en su nombre, sin su consentimiento. De cualquier modo, dejaron su propia huella. En vez de eso, deja la tuya.

Compartir los fallos La frase “Todos cometemos errores”, cuenta con el acuerdo general. Seguro, es un cliché digno de vergüenza, pero es cierto. Difícilmente podrías llegar a notarlo, sin embargo, dada la forma de escribir de muchos de nosotros.

Los escritores de la red están más que dispuestos a escribir sobre sus éxitos, su experiencia, su conocimiento superior, y omiten por completo aquellos años de aprendizaje (y fracasos) que pasaron forjando esos conocimientos. Naturalmente, es difícil desarrollar una relación humana con alguien que se presenta a sí mismo como supra-humano, por omisión.

Esto, por supuesto, no es intencional. Parece desafiar toda lógica el ocuparnos de reconocer dónde nos quedamos cortos, o hemos fallado en el pasado, especialmente cuando queremos atraer elogios, no críticas.

En la mayoría de los casos, sin embargo, reconocer los errores y hablar de lo que hemos aprendido con ellos crea una resonancia con los lectores, en particular con aquellos que han cometido el mismo error, o que lo están cometiendo en este preciso momento.

Timothy Ferriss tiene un gran blog. No obstante, una de sus debilidades, es que la novedad de ser alguien perfecto en todo, comienza a desgastarse.

Lo que realmente me interesa saber, y me imagino que a un montón de otras personas por igual, es en qué cosa el Sr. Ferriss es absolutamente pésimo.

Escribir sobre tus errores le muestra a tus lectores que no eres un experto o alguien con talento porque de algún modo eres mejor, sino porque te has hecho de esa manera. Así se infiere que lo que escribes puede ayudarles a hacer lo mismo.

“¿Cómo estás vestido?”

Los contenidos no se producen en un vacío. ¿Cómo obtuviste la idea? ¿Qué te inspira? ¿Por qué estás interesado/a en el tema? Tu estado de ánimo en el momento ¿afecta lo que escribes? ¿Tienen algún efecto las experiencias de la vida real en tu forma de ver las cosas?

Tú escribes el contenido en una computadora, o en un bloc de notas, y a medida que lo haces, estás situado/a en algún lugar del tiempo y del espacio. Estás en un lugar específico, estás en medio (o al comienzo o al final) de un día en que sucedieron cosas. No eres un cerebro en una tina. Tus experiencias influyen lo que escribes. Nunca es una mala idea darle un acuse de recibo al mundo que está más allá de tus palabras.

Hazlo personal

Tenemos una ventaja muy buena sobre los que escriben para publicar impreso.

En el reino de la palabra impresa, los autores están ‘demasiado ocupados’ para lidiar con las reacciones a su trabajo. Tú lees un libro e independientemente de la forma en que pueda afectarte profundamente, no hay manera fácil de dejárselo saber a su autor. Servicios como el de la Wikipedia parecen emular deliberadamente ese desapego, como si un cierto grado de distancia fuera necesario para que la información tuviera algún valor real.

Los escritores no deben olvidar que esta interactividad es uno de los principales atractivos del contenido web. Por desgracia, creo que muchos escritores sí lo olvidan, en particular aquellos que crean contenidos increíblemente populares. ¿Cuántos bloggers o webmasters de primera línea participan activa y regularmente en los hilos de los comentarios que reciben? ¿Cuántos responden rápidamente a los e-mails de sus lectores, si es que acaso responden?

Sí, están increíblemente ocupados, pero ocurre que llegan a un punto de ausencia, donde pareciera que el escritor ha decidido que los beneficios de la interacción son mucho menores que, por ejemplo, el esfuerzo necesario para publicar un comentario.

También parece haber una tendencia, una vez que el responder a cada comentario y correo electrónico se convierte en inviable, a rendirse casi por completo, y responder sólo cuando el no hacerlo podría dañar una amistad (habrás notado que algunos bloggers de primera línea tienden a la comentar principalmente en respuesta a quienes aparentemente son amigos cercanos. ¿Nuevos lectores? ¡Olvídalos!)

Esto visión aparentemente pragmática de los costos frente a las ganancias es bastante miope. Cada comentario, cada e-mail cortés se dirige a reforzar la percepción de que este autor respeta a sus lectores y es responsable ante ellos. Esta relación autor/lector es completamente invaluable, y vale cada segundo de esfuerzo que se toma construirla.

Si no puedes responder a cada comentario, reconoce que los has leído y disfrutado a todos, escogiendo aquellos que puedas responder fácilmente. Si no puedes responder a tus mensajes de correo electrónico en ese momento, deja que la persona que lo envió lo sepa, y lo guárdalo para abordarlo más tarde. No hay nada más frustrante que elaborar un mensaje de correo electrónico sólo para ver que se encuentra con el silencio.

No caigas en la trampa de no acusar recibo a los lectores. Mézclate con ellos, enlíate con ellos, llega a conocerlos, si no individualmente, al menos colectivamente. No reniegues de uno de los mejores aspectos de escribir para la web.

A medida que llegas a conocer a tus lectores, ellos llegan a conocerte a ti. Sin embargo, si dejas que la balanza se incline, retirándote de la interacción a medida que tu contenido se hace más popular, inevitablemente encontrarás que tus nuevos lectores no desarrollan ese sentido de intimidad que tanto apreciaste en los primeros días.

A largo plazo, esta negligencia puede hacerte daño. Es fácil que los visitantes olviden o ignoren un autor sin rostro cuando se queda en silencio por una semana, o cuando escribe una porquería de artículo.

Es mucho más difícil olvidarse de un amigo, cuando las cosas se ponen difíciles.

Quedan 25 minutos aún del día 27 de Mayo en nuestro país. Para los chicos que están de fiesta en San Francisco, celebrando su 5to cumpleaños, la noche recién comienza. Así que no es tarde aún para desearles el mejor cumpleaños que jamás hayan tenido y todo el éxito del mundo entero al fabuloso equipo que hace posible que nuestros blogs estén donde están los mejores, que nos malcrían constantemente con los nuevos desarrollos del sistema, que se ocupan de saber lo que pensamos y necesitamos, incluso nuestros caprichos, para seguir y seguir avanzando. ¡Que los cumplan muy muy felices!

Crítica de la crítica

Mayo 27, 2008

Tengo esta entrada dándome vueltas en la cabeza hace meses. Y no se va. Cuando eso sucede, sólo hay un modo de sacarla de ahí, ya sabes, te sientas, la escribes y así por fin te deja en paz. A veces, algún valiente amigo blogger te da, sin saberlo, el empujoncito que te hacía falta… gracias por ello, a quien corresponde. :)

Crecemos endiosando la crítica. En mi caso, primero fue “el pensamiento crítico” o la llamada “visión crítica del mundo”. Me lo enseñaron desde niña, en el colegio, para delicia y alivio de mis padres. Más tarde, era “la autocrítica”, ligada primero a un punto de vista político y más tarde (¡horror!) psicológico sobre la vida. El mundo estaba mal. Definitivamente mal. Y yo con él, naturalmente. Y si era incapaz de verlo y gritarlo a los cuatro vientos, estaría en problemas. Me convertiría en aquella cosa temida y aborrecible, en el cuco aquél de “ser una más del montón”. Luego, vino la etapa de la “crítica constructiva” que era perentorio hacer sobre los demás, sus creaciones, sus proyectos, sus sueños. Sin lugar a dudas, siempre con el noble ánimo (Ja!) de abrirles los ojos, de ayudarlos a ser mejores, o de impedir que se estrellaran contra la dura pared de la “realidad”.

Todo este duro entrenamiento, de un par de décadas, rindió sus frutos. Llegué a ser una persona extremadamente inteligente (crítica), con un admirable sentido del humor (negro), y sorprendente capacidad, para mis cortos años, de analizar (destrozar) la realidad en que vivía (vegetaba). No hacía nada. No obtenía ningún producto valioso. Sólo era una decepcionada y crítica espectadora del mundo que bullía de vida a mi alrededor, sin pedir mi consentimiento.

Me tomó unos años desandar ese lúgubre camino, con gran renuencia al principio y unos cuantos fracasos durante todo el proceso. Pero finalmente llegué a donde iba y aprendí mucho más de lo que jamás esperé aprender.

Fue interesante descubrir que a pesar de existir la llamada crítica constructiva, no ocurría lo mismo con su par, la crítica destructiva. Nadie tenía nunca las agallas suficientes, o tal vez la integridad suficiente, o quizá la capacidad de observación objetiva suficiente para decir: “Te voy a hacer una crítica destructiva…” Nunca sucedía. Nadie hablaba de ella. Era como si no existiera. Como si alguien la estuviera ocultando, deliberadamente. Muy extraño… Este hecho era tan intrigante para mí, que decidí investigarlo.

Observé que el aplaudido resultado “constructivo” de la crítica así llamada, era simplemente un mito. Nunca llegué a ver un átomo de esa pretendida construcción. Nunca vi que alguien se sintiera mejor por ella, ni que cambiara lo que estaba haciendo en la dirección de tal crítica. Ocurría, en general, lo mismo que con los consejos: entraban por un oído… Por el contrario, pude observar que las pocas personas que aparentemente no rechazaban la crítica de modo visceral, que la aceptaban estoicamente, sin pestañear, con los labios apretados, y que luego hasta la agradecían con su mejor sonrisa protocolar; cuando nadie las veía, estallaban en un arranque de furia o, peor, de llanto, cuya magnitud era sorprendentemente proporcional a la profundidad y extensión de la crítica, así como al número de críticos. En casos extremos, especialmente en los que se involucraba la creación de alguna especie, llegaban a abandonar por completo la actividad. Si este resultado no era “destructivo”, no puedo imaginarme cuál podría haberlo sido.

Ocurría exactamente lo mismo con la aclamada autocrítica. La autocrítica pública, de moda en los años 70-90 en determinados espacios, era en el mejor de los casos una farsa que había sido previamente ensayada, posiblemente incluso ante el espejo, y en el peor, una réplica exacta, en primera persona, de lo que ocurría con la crítica constructiva. Nunca conocí a nadie en su sano juicio que dedicara una parte importante de su hacer a autocriticarse. Las personas a las que admiraba por sus logros en diversos campos, ciertamente no lo hacían. Y a la inversa, aquellas personas que tuve el infortunio de conocer que sí practicaban la autocrítica como si fuera una especie de deporte, no sólo eran insufriblemente egocéntricas y deprimentes, no sólo vivían lamentando sus inacabables desgracias, sino que no hacían nada por nadie, ni acababan de hacer tampoco nada por sí mismas.

La “visión crítica del mundo”, el “pensamiento crítico”, incluían la “apreciación crítica del arte”. Y la tarea era aprender a detectar, por más escondido que estuviera, todo lo malo que debía incuestionablemente existir en una actividad, en una sociedad, en una institución.

Todo tenía, todo debía tener, grandes y numerosas fallas y era injusto para los demás el ignorarlas. Hacerlo, te convertía en cómplice de la barbarie. Estas eran las premisas iniciales. Había que escarbar y escarbar. Había que sacar estas fallas a la luz por el bien de todos; se tratara de la Mona Lisa, de un minuet de Mozart, del desempeño del gobierno o de sus intenciones. Se trataba, naturalmente de todas y cada una de las instituciones sociales, desde “la religión” (la Iglesia Católica), hasta los intentos de “alienación de las masas” (las películas, libros y artistas que no eran políticamente “correctos”), pasando naturalmente por los sistemas políticos y económicos que estaban en ese momento en el banquillo, y, como cantaba Silvio, por la familia, la propiedad privada y el amor.

Todo era malo, muy malo. Y si no lo era a simple vista, había entonces que buscar, aún con más empeño hasta encontrarlo. Nos enseñaron a enfurecernos por ello, a luchar contra ello. Nos enseñaron a despedazarlo. Y ¿qué obtuvimos? ¿La ansiada sociedad mejor? ¿La libertad? De la felicidad nunca se hablaba, llegar siquiera a considerar su existencia se había convertido en una vergüenza oculta, demasiado vinculada al placer y a otras libertades que nunca fue posible, ni nunca lo será, poner tras las rejas de ninguna ideología, ni de ninguna ciencia.

Aunque hoy en día para mí existen pocos seres más despreciables que los críticos profesionales, y pocos más patéticos que los aficionados, sucede que algunas personas, muy queridas por mí, escogieron quedarse atrapadas en esa trinchera, de dudoso honor. Parecen ser incapaces de observar algo, cualquier cosa, y verlo como es. Miran un reflejo distorsionado del mundo en su espejo crítico particular de feria de diversiones. ¿Quién más que quien lo instaló en primer lugar podría quitarles ese aparato que se mueve en la misma dirección de su mirada? La buena noticia es que es sólo eso. Un aparato. No es parte de nosotros. Es completamente desechable. Y profundamente inútil.

Hace poco más de dos años, yo hubiera necesitado desesperadamente un blog como este. No sabía nada de nada del oficio, tenía muchas ganas de comenzar, poco tiempo y muchas confusiones.

Comencé leyendo blogs sobre blogs, como debe ser, en español y en inglés. Cuando descubrí los lectores de feeds llegué a tener una lista de unos 20 bloggers profesionales, que escriben entre 3 y 20 entradas semanales. Cada semana, tenía como 300 entradas para leer… naturalmente me estaba volviendo loca. Así que empecé a acortar mi lista y a acortarla un poco más y luego un poco más.

Finalmente, me quedé con Fernando de Ciberprensa, con el equipo de Ayuda WordPress; con Matt; con Max, de Theta Code; con Leo y sus Hábitos Zen, con Daily Blog Tips; y con Skellie. Y eliminé todo lo demás. Matt y Max escriben un par de entradas al mes. El promedio semanal de los otros bloggers es 3 entradas, así que ahora mi lector de feeds ha recuperado la cordura.

De estos bloggers aprendí una buena parte de lo que sé sobre blogs. En muchos casos era un dolor de cabeza, más que un reto, el lograr aprender algo (casi todos ellos fueron borrados de mi lista). Otros, eran buenos maestros, aunque algo severos… De los menos, obtuve tanto placer como conocimiento. Y de estos últimos, Skellie es mi favorita, la mejor de los mejores.

Skellie es una blogger australiana, que además de tener un blog exitosísimo y hermoso, Skelliewag, escribe para los más renombrados blogs profesionales y está a punto de graduarse de Ciencias Políticas y Comunicación en la ciudad de Melbourne.

Cada vez que leo un artículo de ella, termino con un sentimiento de frustración. Con unos deseos inmensos que mis lectores puedan beneficiarse de ellos pero “sin poder hacer nada al respecto”, ya que pocos hablan inglés, por lo que he visto. Y tengo el impulso de escribirle hace casi un año y pedirle que me permita traducir algunas de sus entradas para que personas de nuestro idioma puedan leerlos, pero no me atrevo: mi blog es tan pequeño y tan desconocido en comparación… además es “punto com”, lo que automáticamente me descalifica como blogger profesional… y si me dice que no… y si, peor aún, no me responde… duda, duda, duda…

Bueno, anoche, luego de leer su última entrada, dije “Ya basta”. Y le escribí.

Esta mañana, veo que tengo un mensaje en mi buzón de entrada. Es de Skellie.

“Estaré feliz de que traduzcas mis artículos, me siento halagada”.

Estoy flotando entre las nubes desde entonces. Y me he tenido que ajustar tres cinturones de plomo para poder sentarme a escribir esta entrada. Me siento como una quinceañera que acaba de conseguir una foto autografiada de su ídolo de música pop. ¡Es una sensación estupenda!

Y así termina la historia.

Tengo entonces el inmenso placer de anunciarles que a partir de este mes, tendrán el privilegio de leer una entrada mensual de Skellie, por primera vez en español. Y entonces verán el porqué de tanto entusiasmo por mi parte. :-D :-D :-D :-D :-D :-D :-D

Milla, de Clear Santo Domingo! me pide una entrada sobre los “dibujitos” que aparecen ahora en los comentarios de los lectores.

Un tema “facilito”. El descanso perfecto, tanto para mí como para mis sufridos lectores, luego de las dos últimas entradas ¿no te parece?

Qué es un Avatar

Esos dibujitos son los avatares más recientes asignados por WordPress a cada usuario. Un “avatar” es, en el universo de Internet, una imagen, que puede ser una foto, un dibujo etc., que sirve para identificar visualmente a la persona que escribe.

Si tienes un avatar, cada vez que escribes algo, a tu escrito lo acompaña tu avatar particular. Los avatares se usan en foros, chats, juegos electrónicos, blogs y en cualquier sitio en que quieras presentar determinada imagen a quienes leen lo que has escrito.

Avatar es una palabra bastante mística, no proviene, como la mayoría, del latín ni del griego ¡sino que nada menos que del sánscrito! En la religión Hindú, un avatar es una encarnación humana de los dioses, especialmente de Vishnu. Así, Krishna fue el primer avatar de Vishnu, la principal deidad del Hinduísmo. Siglos después, se ha usado este término para referirse a seres iluminados que “representan” o encarnan a un Dios en forma humana.

Así que debes sentirte muy feliz de tener uno o varios avatares, ya que eso te acerca un poco más a tu verdadera esencia, aunque sea “virtualmente” por el momento. ;-)

Para qué necesitas un Avatar

Bueno, la verdad es que no lo necesitas ¡igual que no necesitas un cuerpo! Tienes uno por la misma razón de por qué tienes un cuerpo: para que los demás puedan verte, identificarte y decir: “Ah, esto lo escribió Heriberto… ahí está su avatar”.

Normalmente “adquieres” uno al momento de registrarte en un blog, en un foro, etc. El avatar es parte de tu perfil de usuario. Algunos sitios tienen avatares pre creados entre los cuales tú eliges el que más te gusta, o el que menos te disgusta, pero en general siempre tienes la opción de crearlo tú mismo/a.

Clases de Avatar

Avatares genéricos. Si escoges no tener un avatar (o si por descuido, desinterés o desconocimiento no lo creas) lo que ocurre es que el foro, blog u otro sitio donde escribes o dejas tus comentarios, te asigna uno. Se llama “avatar por default” o “avatar genérico” y es igual para todas las personas que no tienen avatar. Por alguna extraña razón, suelen ser bastante feos y sin gracia. En WordPress, hasta hace muy poco tiempo era el aburridísimo y horrible “Mystery Man” o el avatar “Blank”, que es en realidad un “no-avatar” es decir, un espacio en blanco. Nada.

Tu propio avatar. Sea que tengas un blog o sólo comentes en él, puedes tener tu propio avatar. Para ello, normalmente debes registrarte y abrir una cuenta en el sitio. En el caso de WordPress, simplemente ve a este enlace y abre una cuenta. Luego de llenar tus datos, te pide que escojas entre tener un blog o sencillamente un nombre de usuario. Si aún no estás listo/a para abrir tu propio blog y sólo quieres tu cuenta ¡y tu propio avatar! marca “Sólo un nombre de usuario, por favor.” Debes dar una dirección válida de correo para poder tener tu cuenta. Sigue las instrucciones y en tu Panel de Control —> Usuarios —> Perfil, podrás subir tu propio avatar.

Los avatares de “dibujitos”. Son “lo último de lo último” en WordPress en cuanto a avatares. Son un intermedio entre los dos tipos anteriores. Son chulísimos porque aunque son “genéricos” de alguna manera, son siempre el mismo para cada usuario y son únicos. Es decir, siempre que escribes un comentario, te aparece el mismo avatar y nadie más tiene ése. En todo caso, son mucho más bonitos y alegres que el que había antes, el Mystery Man o el “Blank”. Hay tres clases de dibujitos:

  • Los “identicones”, es decir “íconos de identificación”, que son los “dibujitos” abstractos tipo caleidoscopio, en colores brillantes.
  • Los “Wavatares” que son unas caras de monstruicos, bastante feas, la verdad.
  • Los “MonsterID” que son monstruicos completos, con cabeza y cuerpo. Hay algunos simpáticos, pero si te tocó uno feo o que no te gusta, no hay remedio, no se puede cambiar (al menos por ahora).

Para una mejor idea, este blog usa “identicones”. Los puedes ver al final de su barra de navegación. Bueno, lo siento…. parece que los Wavatares y los MonstersID no tuvieron tanto éxito, ya que lugo de 15 minutos de búsqueda, no veo ningún blog que los use aún.

Cuáles de estos tres tipos se use en el blog donde comentas es algo que está en manos del blogger. Él o ella decide cuál se va a utilizar en su blog. Sin embargo, dentro de las opciones anteriores, a cada usuario le toca el que le toca, fruto del azar, y no se puede cambiar.

Avatares portátiles. Existe un último tipo de avatar que es de lo más interesante. Te lo puedes llevar contigo a otros blogs, foros o sitios que sean compatibles. Se llaman “Gravatares” (del inglés “grab”: agarrar y “avatar”), es decir, un avatar que agarras y te lo llevas. Si eres comentarista frecuente de blogs, habrás visto que tu avatar en WordPress.com no aparece en tus comentarios en blogs de WordPress.org, de Blogger, etc. Si tienes un Gravatar, sí te aparecerá. Para tener uno, sólo necesitas abrir una cuenta en este sitio. Es útil, divertido, fácil y gratis. ¿Se puede pedir más?

Pienso que eso es todo (por ahora) sobre espíritus y avatares. :-) Como siempre, si tienes preguntas, déjame un comentario y con gusto te responderé lo antes posible.

Palabras como RSS, feeds y otras aún peores que frecuentemente las acompañan en la misma oración, son de las más comunes en la jerga de los blogs. Trágicamente, las “explicaciones” que se les intenta dar en Internet parecen ser las más confusas e indescifrables, al menos en español. Para mí, esta situación ha llegado a ser tan intrigante que ya he comenzado una entrada sobre la dificultad que parece haber para explicar cuestiones técnicas en términos comprensibles.

En la entrada probablemente más importante de mi blog, Cómo Comenzar un blog decía, hace casi un año:

Ignora los términos que están de última moda. Si tienes una de estas palabras o siglas [como RSS] zumbando en tu cabeza y no estás seguro/a de si pertenece o no a la lista de “ignorar”, asume que sí pertenece. No te preocupes, más adelante tendrás tiempo más que suficiente de aclarar cada uno de estos términos, como Dios manda.

32 entradas más tarde, ha llegado ese “más adelante”.

Aclarar las palabras feed y RSS me ha llevado –lo creas o no– más de 8 horas de trabajo. Y ha resultado completamente imposible hacerlo en nuestro propio idioma. Uno de los problemas parece ser la confusión entre ambos términos.

Sin embargo, al final resultaron ser conceptos extremadamente simples. Así reconocí que había encontrado la Verdad en cuanto a ellos. ;-)

Qué es un feed

Un feed es simplemente un archivo que contiene una versión abreviada de una página web (como el “Home” de tu blog), creado para compartir su contenido con otros sitios web.

Una característica del feed es que se actualiza constantemente con lo que se publica o se comenta en tu blog. Contiene lo que escribes, incluyendo tus imágenes y enlaces, pero sin el diseño.

¿Quieres ver un feed, tu propio feed? Abre una nueva ventana o pestaña en tu navegador y escribe el URL de tu blog, seguido de “/feed”. Es decir, http:// elnombredetublog.wordpress.com /feed (sin los espacios); y…

Voilà! Ahí lo tienes. Eso es un feed, tu feed.

Si tu blog tiene más de dos meses de edad, si está abierto al mundo y si publicas al menos una vez cada dos semanas; créeme, más de alguien lee tu feed. Si quieres, puedes jugar un poco con él en este punto, para ganar algo de la familiaridad y el control que regularmente complementan la comprensión.

En tu Panel de Control –> Configuraciones (Settings) –> Lectura están las 3 opciones para tu feed.

  • En la opción “Syndication feeds show the most recent ___ posts” (Los feeds publicados muestran las ___ entradas más recientes) determinas cuántas entradas quieres que se vean en tu feed.
  • En la opción “Para cada artículo en un feed, mostrar…”, decides si quieres que tu feed muestre las entradas completas o sólo los primeros párrafos.
  • En la opción “For each article in an enhanced feed, show…” (En cada artículo de feed “mejorado” mostrar:…) puedes escoger si mostrar o no en cada artículo a los lectores de tu feed: tus categorías, tags, número de comentarios, y opciones para añadir tu feed a cuatro “lectores de feeds” (hablaremos sobre esto en un minuto).

Prueba cambiar algunas de las opciones para que veas lo que hacen. No olvides presionar el botón “Guardar cambios” antes de ir a tu feed a mirar cómo se ven.

Finalmente, para terminar la aclaración del término, cuando hablamos de la palabra feed en términos de la web, la usamos siempre como sustantivo: decimos “un feed”, o “tu feed”. Feed, como sustantivo –contrario a lo que se plantea en las definiciones comunes en Internet– no es “alimentar” ni “alimentación”. Ese es su uso como verbo en inglés.

Feed como sustantivo, significa “pienso”, es decir, alimento para ganado. Y creo que el término, aunque un poco insultante para los humanos, es bastante descriptivo de lo que hace un feed. Tendrás mayor realidad sobre este pequeño chiste cuando te descubras a ti mismo/a horas de horas frente a tu pantalla masticando contenidos web en tu flamante lector de feeds. Espero que te rías cuando llegue ese momento. :-)

Para qué sirven los feeds

Los feeds por sí solos no tienen ninguna utilidad. A muy pocas personas se les ocurriría que es mejor leer un blog en forma de feed que en su forma original. La palabra “UN” es la clave aquí. Los feeds sirven para que puedas leer MUCHOS blogs, no uno.

Existen unos programas especiales que se llaman “lectores” (readers) o “agregadores”, donde en una sola página web puedes leer todos tus blogs favoritos. Otros sitios que no son blogs, pero se actualizan frecuentemente, como de noticias, etc., también disponen de feeds que puedes agregar a tu lector.

Estos lectores te permiten escoger tus cinco, veinte o trescientos sesenta blogs favoritos y leerlos desde una sóla página… en forma de feed. Esto te ahorra bastante tiempo porque te evita tener que visitar a diario tus cinco, veinte o trescientos sesenta blogs y sitios favoritos para ver si hay novedades. Sólo vas a uno: tu lector, y allí lo tienes todo. Además, los lectores de feeds te permiten compartir las entradas de tus blogs favoritos con tus amigos y también tienen otras funciones, pero dejaré que las descubras por ti mismo/a.

WordPress recomienda el lector de Bloglines. Yo lo he usado, es excelente y brinda muchísimas opciones. Sin embargo, en mi opinión, el más sencillo de usar (aunque es un poco limitado) es el lector de Google. Para que tengas una mejor idea, en este enlace tienes un mini-tour por este lector, y en este otro enlace, tienes mis feeds compartidos en el lector de Google.

Estos lectores no pueden leer los sitios en su forma original. Los necesitan en forma de feed. Uno de los formatos más comunes para que los lectores “capturen” los feeds tan pronto se publican y te los presenten para que tú los leas, se llama RSS.

Qué es RSS

Entonces, los feeds están escritos principalmente en un formato llamado RSS. También se escriben en otros formatos con nombres igualmente “simpáticos”, como Atom.

RSS es una sigla muy especial, ya que significa diferentes cosas. Así mismo. Aunque no lo creas. Y en diferentes fuentes en la Web, se dice “que hay una discusión al respecto”, o que “significa 4 cosas diferentes según el grado de actualización del formato”, o que “hay ciertas preferencias con respecto a su significado”.

Como puedes imaginarte (si me conoces), te daré un solo significado. Si dentro de un par de años los geeks se ponen de acuerdo y RSS llega a significar algo diferente a lo que te voy a decir o aparecen nuevos significados, pues ya tienes algo de lo que puedes culparme si quieres.

RSS es la sigla de “Sindicación Realmente Simple”. (Really Simple Syndication).

Ahora bien, paradójicamente, ocurre que la palabra “sindicación” en español es cualquier cosa menos “realmente simple”. Yo llegaría hasta a decir que es un poquitín difícil.

En primer lugar, resulta ser (al menos en lo que respecta a su uso en la redifusión de contenidos en los medios de comunicación) un barbarismo, es decir “un extranjerismo no incorporado totalmente al idioma”, según la Real Academia. Por esta razón, en español debería usarse “Redifusión” en vez de “Sindicación”. Pero entonces esto significaría cambiar “RSS”, por “RRS” en español, con lo cual todo se complicaría más aún.

En segundo lugar, aunque la palabra proviene originalmente de misma raíz griega de términos muy comunes en nuestro idioma, como sindicato, no significa lo mismo, ni siquiera se parece.

Syndication en inglés tiene un uso especializado bastante particular, que no existe en español. Y esta acepción de la palabra, que es la que se aplica al caso de esta entrada, se refiere al campo del periodismo.

Syndication significa vender un artículo o tira cómica para ser publicado en muchas revistas o periódicos a la vez. Por ejemplo, “el reportero recibió un buen ingreso por la “sindicación” de su último artículo”.

En tercer lugar, su origen griego: σύνδικος (syndikos), está compuesto por las voces syn: en conjunto; dik: justicia; y os: sufijo para género masculino; en otras palabras, un magistrado civil u otro oficial gubernamental similar.

Y, pues, naturalmente, uno tiende a quedarse en la luna, ya que esto no parece tener nada que ver con periodismo, mucho menos con Internet…. Pero qué le vamos a hacer. Así discurren y evolucionan a veces los laberintos conceptuales de las palabras a través de los siglos… Amén.

Como les contaba al comienzo de esta entrada, para rematar la confusión, a menudo se usa el concepto “feed RSS” para decir por igual “feed” o “RSS”. Y como si fuera poco, el simbolito naranja que parece un chicle gordito y que sale hasta en la sopa en la mayoría de los blogs, también se asocia indistintamente con feed y con RSS.

Como ves, estos dos términos se tratan como sinónimos y no lo son. Si lo fueran ¡te aseguro que no te sentirías confuso/a en absoluto! :)

Cuando necesites nuevamente “parar” una confusión respecto a este tema, simplemente mantén en mente el dato estable que dice: Un feed es un documento escrito en formato RSS. El formato RSS se utiliza para redifundir contenidos que se actualizan con gran frecuencia en la red.

Espero que con esta entrada puedan disiparse mínimamente las confusiones y los misterios. Si estoy esperando demasiado, déjame tus preguntas y con gusto te responderé lo antes posible.

Y para cerrar esta entrada con broche de oro incrustado de diamantes y zafiros, si hablas inglés, mira este video que explica en una forma magistral lo que es RSS. Es lo mejor que he visto en toda mi vida en cuanto a enseñanza audiovisual de un concepto. Si no hablas inglés, por favor, haz lo que sea para que un amigo te lo traduzca…. ¡no te lo puedes perder!

En una próxima entrada, muy próxima (que es la que en realidad espera mi amigo jusamawi), veremos de qué manera se aplican estos dos conceptos: feeds y RSS al incremento del tráfico de tu blog.