Cuándo guardar silencio…
Julio 6, 2008
Dejándome llevar por esas “ansias zen” de descongestionarlo todo que me asaltan de cuando en cuando, he dedicado unos minutos a reflexionar sobre cómo se podría aplicar el principio de “menos es más” a la propia blogósfera. El toque final a la creación de esta entrada, ese “cling” que hacía falta, vino a dárselo el artículo más reciente de mi vecino Jusamawi, en la parte donde habla del silencio, mejor dicho de su escasez en nuestros días. Por esa razón, le corresponde la dedicatoria de esta entrada.
Sucede que para alguien como yo, el silencio es una especie de artículo de primera necesidad. ¡Y caramba qué cierto es lo escaso que se ha vuelto!
En todas partes, en todos los ámbitos, reina un zumbido in crescendo cada vez más universal. La blogósfera no es la excepción, todo lo contrario. Por ejemplo, este fin de semana, leyendo mis feeds –cuya lista ha ido creciendo nuevamente después de la última poda– lo he notado con cierta tristeza…. La causa: una incapacidad manifiesta para evaluar importancias, para ignorar lo banal, para prescindir de lo innecesario.
En general, se publica cualquier cosa y muchas veces –quisiera yo creer que inadvertidamente– se promueve cualquier cosa. Hasta pareciera que algunos bloggers jamás llegan a plantearse la posibilidad de dotar a sus entradas del más mínimo propósito. Como si lo único importante fuera postear, postear, postear, postear, postear, no importa qué ni cómo. Como si sólo importara cuánto y cuan frecuentemente. Como si el único objetivo fuera estar en el medio, que hablen de nosotros, que nos enlacen. Para bien o para mal, pero que hablen y que nos enlacen.
Además, ¿quién debería preocuparse por nimiedades como la consecuencia en el propio pensamiento…? ¿A quién podría importarle si ayer publicamos un artículo promoviendo el silencio y hoy publicamos otro promoviendo la bulla? ¡Hombre! en eso reside precisamente la libertad de expresión, ¿no? Además, “¡es mi blog y al que no le guste, pues que no lo lea!”
Cuando sale un nuevo artefacto al mercado, un nuevo software, una nueva herramienta, dependiendo de la magnitud del estreno cada blogger escribe entre una y tres entradas anunciando el lanzamiento por llegar. Luego, dos o tres entradas más (nuevamente por blogger) con los informes “en tiempo real” del evento en sí del lanzamiento. Entonces, cada blogger nos obsequia con otras dos o tres entradas –y hasta cuatro o cinco si se siente realmente inspirado– con recuentos detallados de todas las desventajas, fallas y deficiencias del producto. Sólo con mucha, mucha suerte, logramos encontrar una o dos entradas en total explicando las ventajas de aquello que acaba de ser lanzado o para qué puede servirnos a nosotros, simples mortales de la lejana periferia de la blogósfera tecnológica….
¿Cuántas de estas entradas eran necesarias; cuántas, prescindibles; cuántas, simple “ruido”? Y más importante aún ¿quién podría o “debería” determinarlo?
Este artículo no pretende ser más que una invitación al silencio, cuando el silencio llena mejor el vacío que una entrada.
¿Y qué es el silencio? En un blog, son esas entradas que no publicamos, o las que ni siquiera escribimos. Son también aquellos elementos del diseño o de la navegación que eliminamos o que nunca llegamos a incluir. En una entrada, son aquellas cosas que nos abstenemos de mencionar, las que callamos, sin necesariamente otorgar nada. El silencio y su hermano el espacio, son elementos sin los cuales la creación de cualquier tipo resulta sencillamente imposible.
Aunque estoy completamente conciente de que hay toda una corriente de bloggers que consideran lo contrario; en mi humilde opinión, un blog es algo que hacemos para otros, no para nosotros mismos. Un blog, para mí, es una interminable página en blanco en la que nos ocupamos de alternar palabras y silencios, vacíos, imágenes y hasta sonidos, en procura de construir algo que pueda ser útil, valioso o simplemente hermoso para alguien más, a través del tiempo. Un blog no debería ser ni parecer un basurero ni un “Muro de los Lamentos” ni un desván repleto de objetos de dudosa procedencia y utilidad; ni para el blogger, ni para sus lectores, ni mucho menos para la blogósfera nuestra de todos los días.
Como en el yin y el yang, el sonido y el silencio, el vacío y la materia; la armonía entre estos opuestos es fuente de placer para muchos y hasta necesidad vital para unos cuantos de nosotros.
¿Y tú, querido lector/a qué piensas? ¿Cuándo deberíamos guardar silencio?




